Artículo de Daniel Güell Visa publicado en la revista oficial de Kali Kunnan

Siempre he sido reacio a utilizar materiales caros, pues me interesa encontrar equipos con un precio acorde a mis necesidades para cada ocasión, modalidad o escenario. Cuando me planté is a Sal (Cabo Verde) a pescar, me dijeron que se pescaban buenos peces a jigging pero que no era un destino de peces XXL.

Así que, armado de mis Penn Spinfisher desde el tamaño 3500 hasta el 7500, pasando por el 5500, algún Conflict en tamaño 2000 y 2500 y cañas de acciones desde 3-10gr como la UltraSpin, hasta los 80-120gr de la Azimut, pasando por la Slick 240 o las Shooter 160, 180 y 190 todas de Kali Kunnan, me planteaba más un viaje para probar material y divertirme con los equipos más ligeros y dejar a un lado, por si las moscas les daba por picar a peces más gordos, los equipos más pesados.

Los primeros siete días de un viaje anterior, en julio, me habían dejado un sabor agridulce por la pérdida de algunos buenos peces que no habíamos podido frenar antes de llegar a las afiladas rocas del fondo. Así que, esta vez, repetíamos aventura preparados con mismos equipos pero con líneas y conexiones más potentes.

Vídeo de la captura al final de esta entrada, no te lo pierdas!
Primer día

Salimos y, como si de un vaso de agua fría en pleno invierno se tratará, nos caían, desde lo más alto, 7 horas de non stop de jigging para solo 14 peces de entre 1-3kg y, para colmo, como cada día durante todos los días que habíamos salido a pescar en Sal, acudía a su cita un pez que nos desarmaba durante un par de horas a todos, esta vez liándose con unos cabos y rompiéndolo todo.

Mi cabeza no dejaba de maquinar cómo haríamos al día siguiente para no volver a fallar una vez más con el monstruo que nos llevaba visitando durante los ocho días de pesca que llevábamos acumulados en Sal entre julio y septiembre.

Segundo día

Así que al día siguiente, como cada día, salimos en el kayuko con Juan Antonio, un freaky como yo de la pesca que conocí en el aeropuerto de Barajas. Empezamos la jornada con Blue Runners de tamaños grandotes comparados con los de días anteriores, 3-4kg. Estaba disfrutando como nunca con la Kali Kunnan Ultraspin 220 montada con un Penn Conflict 2500 sacando esas pequeñas locomotoras cuando, de repente, el skipper da un salto desde su puesto en popa al ver un banco de lampugas enormes corriendo como locas bajo el kayuko.

Solté la Ultraspin, agarré la Azimut 80-200 de jigging que llevaba un Aile Metal TB color CLO de 90gr y la dejé caer a 3m de nosotros.

En menos de dos segundos: ZASSS! Ya estaba chillando como un loco el Penn Spinfisher 7500 que llevaba montado con trenzado de 80lb. Mientras, Juanan lanzó el jig e inmediatamente, sin tiempo ni para cerrar el pick up, un auténtico monstruo de lampuga se lo llevaba a toda velocidad.

Conseguí subir mi pez, una maravillosa hembra de lampuga de unos 10-12kg pero el de Juanan era terriblemente grande y más combativo. Cada vez que se acercaba al kayuko, volvía a salir de estampida llevándose metros y metros de trenzado. Él estaba pescando con el Spinfissher 5500, algo más pequeño que el mío, con 50lb de trenzado y con la Kali Kunnan Shooter. Así que, aunque le tiraba con todas sus fuerzas, no podíamos apretar más el freno…

Pasados al menos 20 minutos, un macho terrible de lampuga se dejaba acercar al kayuko para por fin subir a bordo y hacernos un book completo de fotos con él.

En mi vida había disfrutado tanto pescando con equipos tan ligeros y tampoco me habría imaginado que llegarían a aguantar tantos kg de tensión.

Diez minutos después, estaba con la Shooter 190, 30-210gr de ¡30 eurazos! moviendo al temible Aile Metal TB color CLO de 90gr, cuando algo lo paró en seco a unos 5m del fondo. Este frenazo no lo había sentido en mi vida…si no era una roca, sería un submarino…dos segundos después empezó a correr hacía el fondo de una manera, con una determinación y potencia que yo solo había sentido una vez con un atún de alrededor de 200kg en Canarias.

Después de restregarse contra el fondo tanto como quiso, empecé a notar que cedía.

– ¡Esta vez no te escapas! – pensaba.

Tras los primeros minutos de combate, empezó a dejarse subir poco a poco, con alguna carrera corta pero contundente, hasta que vimos aparecer de las profundidades un coloso marrón brillante que nos hizo gritar:

-¡Mero! ¡Meroooo! ¡Qué meracooo!

Pero a medida que se iba acercando a la superficie se nos ponía cara de bobos y dije yo:

-¡¿Cubera?!

Y fue entonces cuando soltamos ese estrés que estuvimos conteniendo durante el combate. Nos volvimos locos y empezamos a gritar embriagados de alegría al ver ese monstruoso pez. He tenido peces más grandes delante de mí, pero jamás me habían transmitido esa sensación de respeto, miedo y alegría a la vez.

Quizás éste sea el pez con el que todo niño aficionado a la pesca sueña pescar algún día de su vida y yo, en ese momento, era ese niño emocionado gritando como si algo muy grande me acabara de suceder.

Así que, no dejéis nunca de soñar con ese terrible pez, ni perdáis la esperanza y mucho menos dejéis de luchar por ir a encontrarle, donde sea y como sea.

Os deseo a todos, que al menos una vez en vuestra vida, tengáis la oportunidad de pescar un pez así.

El vídeo a continuación es de mi canal de Youtube, para que podáis vivir la emoción casi tanto como nosotros aquel día.

Nadie esperaba a ese enorme animal con esos equipos, pero improvisamos y pudimos subirlo a superficie sin que nos rompiera nada. Una de las capturas mas increíbles de mi vida.
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